martes, 18 de mayo de 2010

Estamos recogiendo alimientos y artículos de primera necesidad. Campaña de Cáritas hasta el 27 de Mayo

Reportaje publicado en Focosur Julio 2009

Uno de cada tres andaluces se encuentra en el umbral de la pobreza, es decir, según la definición dada por el Banco Mundial, uno de cada tres andaluces no cuenta con un dólar (0,72 €) diario para subsistir. En la provincia de Almería, siempre según el INE, la tasa del paro es del 25%, los sindicatos apuntan a que este dato se debe, principalmente, al “pinchazo inmobiliario” que ha afectado al resto del tejido productivo.

En junio de 2.006, en Almería la construcción generaba 85.000 puestos de trabajo, hoy la cifra no alcanza los 19.000, la ya denominada “pobreza del ladrillo” conlleva que de las 800.000 familias que, en España, mantienen en el paro a todos sus miembros en edad laboral, un buen número de ellas sean almerienses.

En 2.004, el INE aportaba el dato de que en Almería las familias que vivían en pobreza severa (menos de 120 € por persona al mes) eran 5.760, el 4% de las núcleos familiares, los datos a fecha de hoy no se han renovado, si bien todo apunta a que la crisis económica los habrá ampliado bastante. Esta pobreza severa se encuentra más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, se trata del Cuarto Mundo, la población que vive en circunstancia de riesgo social en áreas pertenecientes al Primer mundo, es decir, los pobres que viven a escasos minutos de nosotros, en las zonas periféricas y suburbiales de las ciudades.

De compras en la basura
En la capital, los barrios del Cuarto Mundo son, principalmente, La Chanca y el Puche, pero cada vez son más las barriadas almerienses en las que la pobreza hace mella. En provincias como Cádiz y Granada comienza a ser habitual asistir al escrutinio minucioso que numerosos grupos de personas realizan en los contenedores de basura, donde los negocios de alimentación, a diario, se desprenden de productos caducados o a punto de caducar.

La normativa, por cuyo cumplimiento velan las autoridades autonómicas y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, obliga a los establecimientos de venta de alimentación a destruir la mercancía caducada. Parte de ella se puede reciclar pero otra parte acaba en los vertederos sin remedio, y es de este porcentaje del que comienza a nutrirse una parte de la población.
Algunas cadenas de alimentación, ante el temor de que se acumulen los “buscadores” a las puertas de su establecimiento, han optado por no desvelar, ni a los propios trabajadores encargados de manipular los productos, la hora o el día en el que se desprenderán de estos alimentos.

Evitar estas excursiones vespertinas y ayudar a los necesitados sin que estos se vean en el trance de tener que ir a la “compra” sin tarjeta de crédito ni monedas, a riesgo de ser detenidos o sancionados por practicar la mendicidad, es el principal objetivo en el que se fundamentan algunas asociaciones de ayuda humanitaria como es el caso del Banco de Alimentos.

Banco de Alimentos
Se trata de una institución benéfica supranacional surgida en los EEUU en la años 60, el retirado John Van Hengel (Arizona) después de conocer el testimonio de una madre que sacaba adelante a su familia recogiendo la verdura caída de los camiones de reparto en la que nadie reparaba, decidió sacar partido a esta situación y organizarse con la ayuda de voluntarios, la mayoría jubilados, o retirados como él.

De Estados Unidos, Banco de Alimentos comenzó a expandirse por las principales capitales europeas, a Almería llegaba en 1.999 gracias a la voluntad y al tesón de Juan Azorín, su fundador y hoy presidente de la institución en la provincia.
“Pensamos que era algo bueno a lo que dedicarnos los jubilados y decidimos hacer una asociación en 1.999 – recuerda para nosotros Juan Azorín, – ya llevamos 10 años.”
Son 18 jubilados los que mantienen en pie la institución, se encargan de contactar con organismos oficiales y empresas agroalimentarias, principalmente, para la recolecta de alimentos. Los trasladan al almacén, los contabilizan, los catalogan y los reparten entre más de 182 asociaciones de toda la provincia, “primero tenemos una entrada de los alimentos, se cuentan, vemos lo que tenemos y se reparte siempre a través de asociaciones, nunca directamente a la gente necesitada, si no a través de comedores, residencias de ancianos, guarderías, centros de recuperación de personas con adicciones a las drogas, etc.”

“Un día me dijo: ‘Juanito, te necesito’ y yo, sin pensármelo le dije: ‘cuenta conmigo’”, así recuerda Juan A. Pareja Góngora, uno de sus primeros colaboradores, los pasos iniciales de aquel proyecto. “Las cosas han cambiado mucho, - continúan Azorín - al principio estábamos en un colegio, después el Ayuntamiento de Roquetas de Mar nos cedió terrenos por 30 años, la Junta de Andalucía nos ayudó económicamente y construimos el almacén. Ahora, en el reparto anual sobrepasamos la cantidad del millón de kilos de alimentos entre los pobres”.
“Se sabía que había hambre en muchos sitios, - ahora es José Picón, voluntario, quien nos habla - sobre todo en el Tercer Mundo, pero se descubrió que en cada provincia había un colectivo de pobreza a quien no ayudaba nadie”. Los datos que baraja Bancos de Alimentos indican que en la provincia de Almería se contabilizan 30.000 personas con necesidades pero estas no son los únicas, “hay muchos más, continúa Picón – estas son las que nos han pedido ayuda pero hay más, hay que tener en cuenta a los inmigrantes que no tienen documentación y esa población, por no estar controlada, es difícil de contabilizar”.

Las asociaciones que disponen de medios recogen en el almacén de Banco de Alimentos, en Roquetas, la cantidad que les corresponde y cuando las asociaciones o colectivos no tienen posibilidades, son los mismos voluntarios quienes trasladan los alimentos a su punto de destino, “a mí me toca hacer el reparto que corresponde a algunas monjitas de clausura, - comenta José Picón - no tienen medios y voy yo con la furgoneta que tenemos en el Banco”.
Mermas para paliar necesidades
Ellos recogen y reparten, no suponen trabajo alguno para las empresas agroalimentarias, sus principales proveedores, “se trata de comenzar con ciertas dinámicas hasta que te acostumbras – explica Jerónimo Payán, responsable de Recursos Humanos de Carrefour en Almería – Es una tarea añadida, pero no un gran esfuerzo. Al final, con esa merma hay que hacer algo.”
Banco de Alimentos colabora con Carrefour desde hace 10 años, desde el principio, cuando la gran superficie que ocupa en la Avenida del Mediterráneo de la capital se ofrecía a los clientes bajo la marca PRYCA. “Nosotros entregamos a Banco de Alimentos productos que, en ningún caso, están caducados – asegura Payán – están 100% óptimos para el consumo”.
Se denomina “merma” a aquella mercancía que, aún ofreciendo sus cualidades y su calidad, no puede ponerse a la venta por defectos en su envase, “por ejemplo, - explica Payán – en una malla de naranjas ésta viene abierta y nosotros, por criterios de calidad, no las podemos vender así, pues esas naranjas pasarían a ser parte de merma”. A este ejemplo podríamos añadir algunos de los más usuales como las unidades de tres envases, tipo latas de atún o de seis, tipo yogures cuando uno de ellos se ha abierto, abollado o lo han robado, garrafas de aceite cuyo etiquetado se ha borrado o perdido,etc. “A veces nos encontramos con un pack de seis unidades, que suelen ser sopas o botes de garbanzos, si se pierde alguno de ellos, no disponemos de referencia para venderlos de manera individual, esto también pasa a la merma”
Las grandes superficies ofrecen a Banco de Alimentos un complemento a las ayudas procedentes de los excedentes europeos que llegan a España a través del FEGA, “son alimentos diferentes a los de Europa – comenta Juan Azorín – de allí nos mandan sobre todo lácteos, quesos, macarrones, azúcar, batidos, natillas… y estas grandes superficies nos aportan productos que nos hacen muchísima falta y que son muy caros como el aceite, los garbanzos, lentejas, judías, así completamos la alimentación de la gente necesitada”
Solo se “dan” productos de calidad
“Si algún producto ha sido golpeado, o si ha caducado o está a punto de caducar, ese producto no pasa al banco de alimentos – asegura Payán – aunque tuviese tres o cinco días antes de caducar, nos deshacemos de esos productos. Los que llegan a Banco de Alimentos son productos como los que puede comprar cualquier cliente, con total garantía”.
El trato que se les da a los pereceros es distinto, “los productos de panadería van directamente al contenedor, hace muchos años se hacía pan rallado pero ahora mismo tampoco lo hacemos por criterios de empresa”, informa Payán.
Carrefour cuenta con un patio interior donde van a parar los productos de desecho, “todo lo que es reciclable, cartón papel, etc., se vuelca en nuestra compactadora y los restos orgánicos en contenedores que después serán trasladados a diario – nos explica el Responsable del Departamento de Recursos Humanos – en otros centros, al no tener un patio cerrado, dejan el contenedor en la calle y esto puede dar lugar a situaciones con personas que se acercan a ver qué pueden encontrar”.

Carrefour no es la única comercializadora que colabora con Banco de Alimentos, Eroski aporta alimentos a esta organización y también a Cáritas Diocesanas, “son las dos únicas organizaciones con las que colaboramos, en estos momentos no contemplamos la posibilidad de colaborar con ninguna otra”, nos explica Unai Alcelay, gerente eventual de Eroski en Roquetas de Mar.
Las cadenas de establecimientos hipermercados cuentan cada una con su particular política de actuación respecto a este tipo de alimentos. El grupo “El Árbol” ,que cuenta con 16 establecimientos en la capital y un total de 27 en toda la provincia, destruye todos los productos caducados a través de empresas externas homologadas, “algunos productos, por ejemplo, los yogures, los recoge del establecimiento el fabricante – nos explica Alfonso Jaén, director de Marketing del Grupo – cuando se trata de marcas propias, conocidas como “blancas”, nosotros aún no las comercializamos pero estamos trabajando para poder ofrecerlas en breve, es el mismo establecimiento el que tiene que destruirlas”.

En cuanto a los productos en PACK con roturas en los envases, el El Árbol, sí da salida a las unidades del envase de manera individual y, dependiendo del tipo de artículo, lo dan o no al Banco de Alimentos, “si se rompe un Pack de latas de algún alimento lo destinamos al Banco, pero si se trata de latas de bebidas o botellines, tónica no”, añade Jaén.
En el caso de El Árbol, el mismo establecimiento avisa cuando ha acumulado una cierta cantidad de productos y el Banco los recoge.

La política del grupo Mercadona es distinta. Si bien, al igual que en los casos anteriores, los productos perecederos caducados se destruyen mediante empresas externas especializadas, a los productos con algún deterioro o próximos a caducar no se les da salida, “para Mercadona, la seguridad alimentaria es primordial – nos cuenta el Responsable de Relaciones Externas de Mercadona en Almería – ofrecer calidad a nuestros clientes es fundamental. Que un alimento que comercializamos nosotros pueda ser consumido en algún lugar en condiciones inadecuadas es una responsabilidad que Mercadona no quiere asumir”.
Los productos de merma se destruyen o transforman mediante gestores autorizados, “hay algunos productos que se pueden reciclar y se emplean en la elaboración de biodiesel o combustible, también se reciclan los cartones y los plásticos – continua el Responsable de Relaciones Externas – de los productos que se retiran el 65% se recicla y solo un 35% es basura orgánica que se destruye”

Y si bien, los productos de merma no encuentran salida en Mercadona, este grupo sí ayuda con la aportación de productos 100% comercializables en determinadas situaciones “puntualmente, en algunas provincias hemos ayudado en ocasiones concretas aportando productos de primera necesidad en situaciones de urgencia o fuerza mayor como es el caso de incendios o riadas”.